Autora: Marcela Emilia Diaz

La agudización de los conflictos socio-ambientales ocasionados por las actividades extractivas de las mega mineras  ha llevado a diversas  empresas dedicadas a la explotación de recursos naturales a desarrollar  programas de responsabilidad social para “apaciguar” los ánimos. La acentuada   promoción  del   Qhapaq Ñan o Camino del Inca como Patrimonio Mundial   induce a  pensar que  forma parte del conjunto de herramientas de legitimación social empleadas por estas empresas para legalizar la ocupación de un territorio. Esta conciencia lleva a cuestionar cómo el discurso  arqueológico puede transformarse en un mecanismo de estabilización de la idea del Qhapaq Ñan como un bien a ser conservado  mediante su patrimonialización, de acuerdo a las necesidades e intereses de las políticas globales o , por el contrario, a definirse como un espacio crítico que permita el entramado polifónico de voces de la comunidad y otros intereses regionales.
El Proyecto de patrimonialización del Qhapaq es un ejemplo más de la maquinaria opresiva de la disciplina arqueológica, destinada a establecer  una materialidad llamada Patrimonio Arqueológico, instaurando hegemónicamente una cierta visión del pasado.  A pesar del  “carácter participativo” de este discurso, no admite libres interpretaciones.  La patrimonialización del Qhapaq Ñan, y el Qhapaq Ñan mismo, comenzaban a perder sentido si sólo surgían del imaginario de los arqueólogos y los especialistas involucrados en instituciones del Estado, ya que como construcción/imposición cortaba las relaciones entre las personas y sus historias, entre los pueblos y su memoria, entre  las comunidades locales y sus modos de sociabilidad,  donde el Qhapaq Ñan  no forma parte del pasado sino de la vida de relación de una comunidad viva.

Implicaciones patrimoniales: La declaratoria del Qhapaq Ñan como patrimonio mundial

$600
Implicaciones patrimoniales: La declaratoria del Qhapaq Ñan como patrimonio mundial $600

Autora: Marcela Emilia Diaz

La agudización de los conflictos socio-ambientales ocasionados por las actividades extractivas de las mega mineras  ha llevado a diversas  empresas dedicadas a la explotación de recursos naturales a desarrollar  programas de responsabilidad social para “apaciguar” los ánimos. La acentuada   promoción  del   Qhapaq Ñan o Camino del Inca como Patrimonio Mundial   induce a  pensar que  forma parte del conjunto de herramientas de legitimación social empleadas por estas empresas para legalizar la ocupación de un territorio. Esta conciencia lleva a cuestionar cómo el discurso  arqueológico puede transformarse en un mecanismo de estabilización de la idea del Qhapaq Ñan como un bien a ser conservado  mediante su patrimonialización, de acuerdo a las necesidades e intereses de las políticas globales o , por el contrario, a definirse como un espacio crítico que permita el entramado polifónico de voces de la comunidad y otros intereses regionales.
El Proyecto de patrimonialización del Qhapaq es un ejemplo más de la maquinaria opresiva de la disciplina arqueológica, destinada a establecer  una materialidad llamada Patrimonio Arqueológico, instaurando hegemónicamente una cierta visión del pasado.  A pesar del  “carácter participativo” de este discurso, no admite libres interpretaciones.  La patrimonialización del Qhapaq Ñan, y el Qhapaq Ñan mismo, comenzaban a perder sentido si sólo surgían del imaginario de los arqueólogos y los especialistas involucrados en instituciones del Estado, ya que como construcción/imposición cortaba las relaciones entre las personas y sus historias, entre los pueblos y su memoria, entre  las comunidades locales y sus modos de sociabilidad,  donde el Qhapaq Ñan  no forma parte del pasado sino de la vida de relación de una comunidad viva.